Pandemonium 2020


O la crisis humanitaria del COVID-19


Foto de pantalla, mapa de la OMS el 12 de marzo de 2020

Por M. C. L. N.

Estamos al borde del colapso.
Hace aproximadamente 30 años científicos y algunos políticos nos advirtieron del cambio climático. 
Desde la revolución industrial el ritmo de vida se aceleró. El desarrollo de las industrias ha sido tal que la humanidad ha debido adaptarse, mayoritariamente, para “avanzar”. Quienes optaron por permanecer en las prácticas más lentas y rústicas al parecer no estaban equivocados del todo. Ahora vemos con buenos ojos algunas costumbres que catalogamos como “amigables con el planeta” y que fusionado con el desarrollo de ciertas tecnologías nos habrían beneficiado en el intermedio. Pero llegamos cerca del límite…
No todo ha sido para mal. Debimos haber sido mas conscientes de cada paso para mantener los recursos naturales. Pero creíamos que éstos eran inagotables y que la vida en nuestro planeta sería para siempre.
Los glaciares se están derritiendo. Hace mucho frío donde antes no lo había. Huracanes están llegando a lugares fuera de lo habitual. Temperaturas históricas en casi todos los rincones del Planeta. Incendios difíciles de controlar que han amenazado al borde de la extinción a la escasa población de diversas especies de flora y fauna. Deforestaciones masivas para alimentar a las personas.
Llegué al punto de asociar esta actitud inconsciente, consumista en exceso, con la insaciabilidad que causa poder tenerlo todo. Casi todo. Porque pudimos tenerlo: agua, luz, un techo, ropa, calzado y lo mejor: comida en la mayor parte de las poblaciones en desarrollo y muy desarrolladas. Lo necesario para vivir saciados. Pero no bastó y el capitalismo nos creó nuevas necesidades. Modas que pervirtieron la posibilidad de vivir en armonía con la naturaleza, el entorno. Presenciando la escasez de algunos recursos indispensables.
Las tendencias para consumo son una forma de esclavitud moderna. En la actualidad si te piden que te tires a un pozo, apenas dudarás. Al menos que seas de los arcaicos, como yo, que se cuestionan el beneficio y futuras consecuencias, y aún te resistes a entrar por completo al juego. Pero el uso de las redes sociales por algunos personajes con poco criterio, silenciosamente, nos han ido empujando al limbo. Derivado de una pobre y apenas accesible alfabetización tecnológica para darle un uso adecuado. Pero quienes no pueden acceder a la educación apenas se enterarán de las terribles consecuencias, cayendo en la trampa y obedeciendo.
Este es el pandemonium. Algunos se salvarán, el resto intentarán sobrevivir. Yo me sigo cuestionando de qué lado de la moneda caerá mi destino o el tuyo, porque estoy segura de que esto no será por elección, sino por selección natural o política.
Comienza a percibirse cierto grado de histeria entre la población. Oídos sordos en su momento ahora ven lo que no querían entender. Las voces enmudecidas antaño ahora ahogan con sus quejas, y es tal el enfurecimiento que apenas se logra con un discurso más ecuánime y justo equilibrar los ánimos y crear acuerdos. 
Estamos adentrándonos a una época oscura, patrocinada por los excesos en todos los ámbitos. Donde pareciera que la resignación era la única puerta de salida. El planeta venía quejándose poco a poco éstos últimos años. Pero hoy notamos cierta violencia en los cambios. Prepararse y adaptarse o será peor.
Y entonces brotó una nueva enfermedad que apenas ayer fue declarada una “pandemia”. Una fuerte llamada de atención hacia la humanidad entera. De por sí el resurgimiento del sarampión en medio de los debates entre grupos ideológicos divergentes sobre los beneficios de las vacunas comenzaba a crear alerta. Esto viene a recalcar más nuestra responsabilidad en todo.
El bullicio se fue apagando, por precaución o miedo. Las calles, plazas, centros comerciales ayer abarrotados de gente, hoy apenas son transitados. Algunos gobiernos aplicando medidas más severas que otros. Cerrar las entradas y salidas en los países para evitar el flujo de extranjeros posibles portadores de la enfermedad, convirtiéndolos en dianas andantes, una amenaza para los demás.
Responsabilidad de cuidarnos y cuidar a los demás, una medida de la que nadie debe safarse. Y entonces, en medio del caos, contemplar los cambios. 
Salir en busca de víveres en medio del pánico, o guardar la compostura para actuar cuando sea necesario. Regresar a la cueva y esperar el momento para resurgir. 
Me gusta viajar. Pero también aprendí a permanecer en casa y encontrar el placer en el silencio. En medio de la soledad, cuando la disfrutas, encuentras muchas posibilidades de entretenimiento. De la contemplación, a la lectura, juegos de mesa, de destreza, hasta pasar horas de práctica si tocas un instrumento. Actividades diversas, sólo buscando y pensando. Para quienes la ansiedad por salir les abrumaba antes, porque permanecer era aburrido, será un reto personal importante.
Varios tomarán esta situación, para reflexionar sobre la importancia de replantearse nuestro estilo de vida actual y el propósito común para mejorar la calidad humana en nuestras sociedades. Darle la oportunidad a nuestro planeta de recuperarse un poco. Algunos noticiarios informaron que la calidad del aire en China ha mejorado desde principios de año. Más allá de las afectaciones económicas que la mayoría de los países del mundo pasaremos, es una manera práctica de comprobar que sí es posible reducir la contaminación si frenamos un poco las prisas que traemos. 
Lamentablemente, hizo falta llegar a esta situación que ha generado muerte y crisis para ver con mayor claridad y responsabilidad las consecuencias de nuestras acciones como personas y humanidad entera.
Ojalá que la lección la aprendamos adecuadamente y logremos estar entre los afortunados que tengan la oportunidad de vivir un resurgimiento más respetuoso y armónico con nuestro entorno y lo que habita en él. Una cultura diferente, auto sustentable.
“La sociedad baja en carbono será necesariamente otra sociedad o no será. No se podrá construir el futuro con los mismos perfiles energéticos y culturales del presente […]” (Guzmán Hennessey, 2012, p.82).


Fuentes Consultadas:

Libro
Guzmán Hennessey, M. (2012) Cambio Climático, Cambio Civilizatorio. Aproximaciones Teóricas. Colombia: Editorial Universidad del Rosario.

Páginas web
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